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MANUAL  "CAMINO A LA INFELICIDAD"

por Max Oca

Capítulo 4: Usa soluciones antiguas para problemas antiguos

Mi vorágine hacia la desgracia es cada vez más patente. Hace apenas unos meses mi novia me dejó porque estaba harta de que siempre fuera tan negativo, siempre estuviera quejándome o porque tal y como dice ella “me esfuerzo en ser infeliz”. Y ha sido una época muy dura de la que he intentado salir cuanto antes y puse todos mis recursos para resolverlo. Como me sentía muy solo decidí retomar relaciones que tenía un poco abandonadas. Así que cogí mi agenda de ligues y traté de quedar con alguna de mis ex novias… Total, donde antes hubo fuego siempre quedan brasas. O eso creía hasta que tres de ellas se quedaron bastante a gusto insultándome cuando las propuse quedar o, peor aun la que le entró un ataque de risa y después me colgó.

Pero yo no me rindo con facilidad y al final quedé con Luisa. Luisa fue una ex con la que tuve una relación tremendamente complicada. Siempre acabábamos discutiendo por las cosas más tontas y se nos iban las cosas de las manos. Una vez en una discusión por que llegué tarde montamos tal escándalo que mis vecinos llamaron a la policía y cuando llegaron ni ellos consiguieron que dejáramos de gritarnos. Pero ha pasado ya tiempo de aquello y ya hemos madurado los dos. Quedamos unos cuantos días y fue muy agradable: salimos a cenar, a bailar, disfrutábamos de agradables paseos… yo tenía razón: ahora todo iba a funcionar. Todo iba sobre ruedas, hasta que un día por una discusión sobre el “doble check” del Whatsapp (ni para discutir éramos originales), empezamos a gritar hasta que empecé a sentir lo mismo que la anterior vez que estuvimos juntos. Así que en mitad de mi enfado, me di media vuelta y me fui dando un portazo de la casa. Tardé cerca de 10 minutos en darme cuenta de que era la mía. Pero a esas alturas se me había ido la furia y la idea de volver y retomar aquello me acojonaba. No estoy muy orgulloso, pero no volví a mi casa en tres días ni la contesté al teléfono. Cuando por fin pude volver a mi casa... bueno, tuve la oportunidad de redecorarla. Y de borrar su teléfono, no sea que volviera a hacer de las mías en el futuro.

Pero una mala experiencia no podía derrotarme, así que quedé con una amiga con la que me he liado en varias ocasiones pero con la que al final, no sé por qué, nunca acabamos teniendo una relación. Así que salimos, nos liamos un par de veces, nos acostamos, todo parecía perfecto: ella estaba muy ilusionada, me escribía constantemente, nos veíamos a diario, ella estaba feliz con que por fin acabáramos juntos. Y en ese momento me di cuenta de porque nunca acabamos juntos. Parece perfecta, pero lo cierto es que me sentía agobiado y en otro punto completamente diferente. Ahora tengo la marca de cuatro dedos en la cara para recordarme que no lo vuelva a intentar con ella nunca más.

Después de esta experiencia me quedé completamente hundido. Estaba claro que jamás encontraría a alguien con quien poder estar y moriría solo. Y en ese momento me di cuenta de que era como el borracho del chiste, que se lo encuentra un amigo por la noche dando vueltas mirando el suelo alrededor de una farola y el amigo le pregunta:

- ¿Qué estás buscando?

- Las llaves de casa –le responde el borracho

- ¿Las has perdido por aquí?

- Y yo que sé, pero es en el único sitio en donde veo lo que hay en el suelo.